APORTACIÓ DE LUISON DEL JUAN
(Luis López Pérez)
El Sr. Luis López Pérez és decesdent d'aquellas famílias que van arribar a Lascuarre procedents de Checa (Guadalajara) la primera mitat del segle XX a dedicar-se a la faena de carboneros. Els López i els Pérez de Lascuarre actuals són descendents dels que en aquella època se van establir a la vila.
La mare de Luis eba germana de Pepón, i su pare, el Juan, una molt bona persona per tots el que el van conèixer, van viure a la casa dels Albiol (actual casa Zazurca del carrer Major.
El Sr. Luís demostra una vegada més un amor i carinyo cap al pueblo de Lascuarre que m'ho ha ensenyat en varias ocasions enviant estes escritos que publico tal qual a la meua web.
Con estas palabras tuyas podem reviure una escena que per tots els que ara sonem més joves que tu, mus sorprén i mus aporta unas vivèncias completament desconeixedas i que si no s'escriuen, se perderan definitivament.
Moltas gràcias, Luison del Juan!!!
El Molino Nuevo:
(Recuerdos del Molino Montoliu)
El molino de Montoliu, era otro de los lugares preferidos donde íbamos después de salir de la Escuela cuando el periodo de la extracción del aceite. La particularidad de aquel molino nos fascinaba. Su sistema de funcionamiento tan rudimentario, ingenioso; diría yo..., prehistórico, pero que hacía su cometido en unos tiempos en que los avances mecánicos brillaban por su ausencia y la tracción animal era lo más parecido a un motor eléctrico. Todavía guardo como un recuerdo perdido en el tiempo y, a la vez está presente en mi mente, cuando intento recordar cada uno de sus rincones, su distribución. Aquellas paredes de adobe con tanta historia acumulada a lo largo del tiempo. Paredes que nos hablarían de convenios, de dimes y diretes; de reuniones hasta altas horas de la madrugada; de discusiones y trifulcas; de transaciones y negocios; legales unos, otros... de dudoso proceder, al amparo de la oscuridad de la noche. Nos hablarían, posiblemente, de cuando los estraperlistas de siete suelas y de medio pelo de la época, viajaban con sus mercancias con destino desconocido, en las madrugadas frias y gélidas del mes de enero enfundando los cascosde las caballerías con trapos y, talegas viejas, para que no hicieran ruido con las herraduras al transitar por las calles, cuando la luna va baja y, en los caminos, las sombras se confunden. |
En mi mente fluyen torrentes de imágenes, todas ellas de una pureza y nitidez de un valor inigualable, es como si el tiempo se hubiese congelado. Imágenes entrañables y cálidas que contempladas desde una panorámica celestial, cobran vida a través de los sentidos.
El edificio estaba construido de adobes, con vigas de madera, excepto la obertura de la puerta que era de piedra. El tejado, todo él de teja árabe a una sola vertiente, posiblemente teja hecha en la tejería de la Guineu. Tenía una ventana que daba al camino de la era de Montoliu y dos en sentido opuesto, si la memoria no me falla. Éstas últimas de poco servían por qué, detrás, había unas higueras muy grandes que no dejaban tan apenas pasar la luz.
Su interior se distribuía de la siguiente manera. Entrando a la izquierda, estaba el pesebre de las caballerías qué, por turno y, cada x tiempo, se enganchaban a la piedra que molía las olivas: normalmente pertenecían a la casa que estaba moliendo. Enfrente del pesebre, había una habitación separada por una cortina donde dormían los miembros de dicha casa, que también se turnaban-hay que tener en cuenta que se molía de día y de noche y eran responsables de las caballerías y, del trabajo propio del molino-.
Adosados a ésta habitación estaban los algurins, que eran como unos pequeños depósitos donde se depositaban las olivas paramoler.
A la derecha estaba el molino, consistente en una piedra muy grande, o a si no lo parecía, que giraba sobre un suelo de piedra, o de otro material, pero desde luego, de una gran resistencia. Ésta piedra era un cono, unido por su eje y por su vértice, a un fuste de madera vertical y que era movida por una caballería que daba vueltas, en sentido contrario a las manecillas del reloj. De esa manera, la piedra, siempre tenía la tendencia de irse hacia el centro facilitando su movimiento y, a su vez, obligaba a la caballería a seguir el mismo sentido giratorio. Para que no se mareara, a la caballería se le tapaban los ojos.
Más al fondo, y junto al molino, estaba la caldera que era como una pequeña “piscina” redonda de cobre y que se llenaba de agua a través de una conducción que venía del huerto de Cantarero y que siempre estaba caliente. Por debajo, a modo de horno, siempre había leña quemando. Para acceder a la parte superior había como una escalera. Alrededor de dicha caldera, había un banco corrido de madera donde los que trabajaban en el molino se calentaban y comían. A nosotros, los crios, nos gustaba ir al molino y pasar ratos mirando aquella caldera mientras nos calentábamos. A la izquierda, y al fondo, estaba el torniquete que más adelante mencionaré(yo le llamo torniquete, pero igual técnicamente no se llamaba asi). Una pequeña escalera adosada a la pared, daba acceso a una habitación donde dormía el Sr. Joaquín de Brianda, ya que él era el encargado del molino y se pasaba allí todo el tiempo que duraba la campaña del aceite.
El procedimiento para la obtención del aceite era el siguiente: se ponía una espuerta y se cubría con la pasta que previamente se había obtenido de moler las olivas, acto seguido, se le echaba por encima de dicha pasta, un cazo grande de agua caliente y se tapaba con otra espuerta como si de un bocadillo se tratase y, así, sucesivamente. La agua caliente, la finalidad que tenía era que ayudaba a que la pasta no fuera tan compacta y, por otra parte, al estar caliente facilitaba la extración del aceite y su fluidez. Que digo yo, que sería asi. Por lógica.
Cuando todo esto estaba preparado, se hacía subir la piedra, o lliura, con el torniquete. El torniquete, era una pieza de madera roscada a un husillo helicoidal, también de madera, que en su parte inferior iba sujeta una piedra redonda. Este husillo, a su vez estaba unido a una viga de madera, o varias, de grandes dimensiones y que en su extremo opuesto se colocaban las espuertas para prensar. Dicha piedra, que en situación normal estaba metida bajo tierra, había que subirla a base de dar vueltas al husillo a través del torniquete, mediante unos brazos que salían del mismo.
Nuestro cometido era dar vueltas al torniquete hasta que ya no alcanzábamos. En ese momento, las personas mayores, terminaban de subir dicha piedra.Por todo nuestro esfuerzo nos hacían un remulló, que erauna tostada de pan empapada de aceite del mismo molino, con la particularidad que la llesca de pan te la tenías que traer de casa. Como podéis ver, trabajábamos por el 50% del premio.
A medida que se hacía subir la piedra, la viga iba bajando por el otro extremo, presionando sobre un número indeterminado de espuertas. ¿Quizá fueran 32? -No, sé, las personas consultadas tampoco me han aclarado éste detalle-. Dichas espuertas, al ser prensadas, extraían todo el aceite precipitándose éste por una canal hasta tres piletas de piedra. En la primera pileta iba el aceite de la 1ª prensada; en la segunda pileta iba el de la 2ª prensada. El aceite así obtenido era el de mejor calidad y ya, en la tercera pileta, era el aceite de inferior calidad y correspondía a la última prensada.
El aceite obtenido, se dejaba reposar en su correspondiente pileta para que todas las impurezas, mezcladas con el agua y el aceite, se fueran al fondo. El aceite, al tener menor densidad que el agua subía a la superficie donde se recogia, envasándolo en bots para su transporte.
En éstas piletas, se acumulaba un poso llamado morquetas y que se vertía a través de una canalización soterrada, a un terraplén que daba al barranco de Montoliu. Nuestra mayor diversión y alegría era cuando soltaban dichas morquetas el oir su llegada y, su posterior aparición, de un líquido amarronado y viscoso, que hoy sería un atentado contra el medio ambiente por ser un vertido ilegal–y antes también-y que los ecologistas pondrían el grito en el cielo por tal ataque a la naturaleza. Pero entonces, no se tenía la concienciación ecológica que hoy se tiene.
Una vez hecho todo el proceso, se volvía al inicio para preparar otra prensada. Para ello, y aplicando la parte de la Física que estudia las leyes de la palanca, se hacía bajar la piedra que por su propio peso, hacía subir la viga dejándola preparada para seguir el mismo procedimiento.
La pasta resultante, una vez que se había extraido el aceite, pasaba a denominarse piñola que mezclada con salvado se convertía en pienso para los cerdos.
Posiblemente haya omitido algún detalle en la descripción, y alguno de ellos no sea exactamente tal como lo cuento, pero la filosofía de su funcionamiento, básicamente, era asi.
El Molino Viejo:
(Recuerdos del Molino Viejo o de la Ringuera)
Hubo otra Almazara, aunque yo no recuerdo verla funcionar. Estaba bajando por el camino de la Solana Catones, antes de llegar al barranco a mano izquierda, un poco más abajo de la era de Frari. Éste molino, tenía un estanque de agua para suministrase en el camino de la Fontaneta, antes de llegar al puente, conocido por todos como el basal de Baltesá. El agua allí recogida, venía a través de una acequia des de el Molinell. Aquí ocurrió un hecho lamentable una tarde soleada y, en el Portal, el lavadero lleno de mujeres, haciendo la colada. El basal, que era de forma rectangular, en uno de sus vértices tenía una estrechez hecha por dos muros altos y estrechos, en forma de cuña, con una ligera pendiente por donde se canalizaba el agua hacia el interior del molino. En casa Chaumiró, que siempre tubieron vacas, que yo recuerde, y siempre iban comiendo por las márgenes del camino de la Ringuera, o bien, por el camino de la Solana Catones hasta el barranco; ese día, por lo que fuera, la vaca cojió el camino de la Fontaneta y al llegar al huerto de Baltesá, que tenían entre el basal y la era de Frari; la vaca empezó a comer por la márgen del huerto más próxima al basal. Ella, la vaca, comiendo, comiendo, sin levantar cabeza, llegó al final de la márgen del huerto y siguió comiendo, sin darse cuenta que empezaba a subir por uno de éstos muros. Cuando llegó al final del muro, se dió cuenta que no tenía salida. |
Vista del Molino Viejo |
El pobre animal intentó darse la vuelta para retrocer, pero como el muro era estrecho, para la vaca, no podía; consecuencias: en uno de esos intentos se precipitó al fondo de ésta garganta, por asi decirlo, quedando encajonada allí sin poder moverse. A los gritos de auxilio de Alicia, su cuidadora, acudieron en tropel y desmelenadas, todas las mujeres que estaban lavando, entre ellas, mi madre. Al ver la magnitud del problema, decieron ir en busca de los hombres para que se hicieran cargo de la situacion, con tan mala pata que la mayoría, escepto los yayos, estaban en la huerta afanados en sus labores hortícolas.No sabiendo como solucionar el problema, decidieron ir hablar con D. Paco, el médico, que por casualidad estaba en el pueblo y pedirle que con su moto-LUBE-, fuera a la huerta en busca de ayuda y explicarles a los hombres lo sucedido. |
Los hombres, alertados, se pusieron en camino. D. Paco, solo hacía que viajes con su moto a la huerta e iba subiendo gente, cogiendo los que estaban más próximos al pueblo.
Con la ayuda de unas sogas y, la fuerza de los hombres, lograron rescatar a la pobre vaca de tan desafortunado accidente. Lo que ocurrió después, lo ignoro, supongo qué dependiendo de las condiciones en que quedara se seguiría un protocolo, u otro.